Seguramente muchos de vosotros habéis visto esta película, Canino, del director griego Yorgos Lanthimos. Para los que se la perdieron, ahí va el argumento: Cinco miembros de una familia viven aislados en un chalet, en las afueras de la ciudad. Sólo el padre sale a dirigir su empresa. Mientras, la madre y sus tres hijos adolescentes permanecen encerrados en ese entorno. El matrimonio se ha propuesto preservar a sus hijos de las impurezas del exterior. Y para ello han creado una nueva realidad, a base de dotar a las palabras de significados diferentes y falsos. Los chicos han asumido estos conocimientos desde su infancia, mediante un aprendizaje mecánico. No hay ninguna necesidad de entender estas reglas absurdas.
Pero los padres no cuentan con la "curiosidad". La temida contaminación exterior llega con las visitas de una joven, que trabaja como vigilante de seguridad en la fábrica del padre. A partir de ese momento surgen las preguntas acerca del propio método de aprendizaje. Entramos en el campo del Constructivismo. La hija mayor adopta un papel activo. Su aprendizaje se basa ahora en sus propias inferencias, descubrimientos y conclusiones. Como consecuencia quiere vivir su propia vida y salir de ese contexto opresivo. El camino está abierto. Sólo hay un problema: no cuenta con nadie implicado en este nuevo aprendizaje. ¿La suerte está echada?